Latinoamérica

              Un pueblo que camina con cadenas.

   Cuenta Bartolomé Mitre en su obra "Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana",que cuando la fortaleza argentina en El Callao, Perú, se sublevó y el fuerte quedó en manos enemigas, un soldado de esa guarnición se negó a enarbolar la bandera española. Se llamaba Antonio Ruiz, alias el "Negro Falucho". Sus últimas palabras antes de ser fusilado por los realistas fueron: "Malo será ser revolucionario pero peor es ser traidor". 
   Se hallaba de servicio en el Alto Perú, cuando se produjo un botín realista en el puerto de El Callao. El negro Falucho fue fusilado en 1824 por los españoles al negarse a rendir honores a la bandera enemiga.

   Latinoamérica es un pueblo que camina, pero carga las cadenas de la sumisión, la conquista, la matanza; y asu vez, engrandece la consigna de liberación. Éstas cadenas que se han roto a lo largo de la historia, pero siguen resistiendo, en honor a la desidia y la opresión, porque los olvidados del sur nunca serán más importantes que el norte, y el indio no es digno delante de las botas y fusiles. Los pueblos latinoaméricanos han tenido que sufrir las consecuencias de una travesía impositiva, desnaturalizada, justificada solo por los grandes pilares demagógicos del "primer mundo", luchando sin armas, resistiendo sin escudos, desplazados indiscriminadamente.
   Ésta idea parece lejana, denota antigüedad, para el más despitado de los lectores que no augure la relación atemporal de su significado. El sur, contemplado históricamente desde arriba, con aires de superioridad y supremacía, ha logrado recomponerse una y otra vez, alzando la voz y los puños apretados ante el gigante que se impone, antes a través de la fuerza, hoy de la economía y la cultura, por sobre todos esos poseedores de lo más preciado, la tierra y la Patria. 
   Así lo demuestra la historia del "negro" Falucho, un mito que realza y motiva, que genera la empatía necesaria para con la hermandad latinoamericana, y sus desdichas. El honor y el amor a la bandera esgrimidas de la más dramática y altruista manera, donde la premisa de que las personas pasan, pero las ideas quedan, se hace presente casi de manera automática. 
   Todos somos Falucho, todos pertenecemos a la libertad de nuestras tierras, no importa el color de piel, no importan las lenguas, importa el derecho a la dignidad, y por sobre todo, el reconocimiento de la verdad. Las cadenas de nuestros pies, hoy están cada vez más oxidadas y débiles, y es tarea de todos contribuir a la liberación, a la integración y el sentimiento de pertenencia. Si, todavía éstos pueblos tienen cadenas, pero caminan.. y pisan fuerte.
   

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